Hoy, 29 de junio de 2010, a las 0,45 (hora local), en la Comunidad Divino Maestro de Madrid (España), ha regresado a la Casa del Padre Sor M. Inmaculada García (Doradía, de bautismo), nacida en Valle de Mansilla (León-España) el 16.12.1932.
Ingresa en Bilbao (España) el 2 de febrero de 1944 y el párroco la recomienda para ser religiosa “en la Pía Sociedad de San Pablo”, reflejo de aquella visión unitaria de la Familia en la que las distinciones institucionales no eran todavía evidentes y bien definidas. En varias referencias resulta que fue la primera aspirante que hizo su ingreso entre las Pías Discípulas en España. Acababa de cumplir apenas los doce años, y ya manifestaba haber asimilado las características de nuestra Congregación. En efecto, en la petición para la entrada en el postulantado así se expresa: “He entrado desde hace poco en la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro en la que estoy muy contenta. Los apostolados me han parecido muy interesantes, en particular el apostolado eucarístico” (23.1.1948) Se la envía a Alba (CN) para el noviciado, donde hace la Profesión religiosa el 25 de marzo de 1951; estará en Roma para la profesión perpetua el 25 de marzo de 1956. En su petición escrita, pide con determinación y claridad ser admitida a la profesión perpetua en la Congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro “¡donde, con la ayuda de la gracia, quiero permanecer para siempre!” Vive después experiencias misioneras: en 1957 está en París (Francia) y en 1960 por dos años en Bogotá (Colombia); luego, en 1962, en Florencia (Italia). Alterna el ejercicio de la misión en las Casas San Pablo con la colaboración en el apostolado litúrgico. Regresa a España en 1963, y repetidas veces se le pide el ejercicio del ministerio de la autoridad o como superiora local o como superiora regional desde 1975 a 1978 y de 1985 a 1988.
En Sor M. Inmaculada estaba vivo el amor a la Congregación a la que sentía que pertenecía. Esto la animaba a entretejer relaciones constantes y profundas con personas significativas para su vida, como Sr. M. Clellia Arlati, maestra de noviciado, o Madre M. Lucía Ricci o Madre M. Tecla Molino en su ministerio de guía del Instituto. Su regular y densa correspondencia es una información personal de su vida interior, del apostolado y de la salud. Transmite de forma sencilla y clara aquellos valores que la animan en la correspondencia a la vocación particular. “Me encuentro en Madrid para el curso de santos Ejercicios que hemos hecho como Familia Paulina, los tres institutos juntos. Es tan grande el bien que hemos recibido, que sin falta nos servirá para hacernos vivir con mayor entrega nuestra vocación. Sr. Antonietta Martini y Don Castañeda nos hicieron saborear la vocación y la espiritualidad Paulina que nos une a todos como Familia y nos hace grandes en la Iglesia... Nuestro fundador ha sido de veras listo y santo, y desde el cielo nos ayudará sin falta” (8.1.1979).En 1995 participa en la recién iniciada fundación de la nueva comunidad de Toledo para la que ofrece su sabiduría y discernimiento: “Creo que sabrá que tenemos una nueva comunidad en Toledo... Veo un campo interesante a todos los niveles, apostólico, vocacional. De veras, se necesitará prudencia, escucha, mucha oración. Ahora prestamos el servicio litúrgico y trabajo para ayudar en la preparación a los Sacramentos y llevamos la comunión a los enfermos. Que sea todo de veras para la gloria de Dios y para el bien de todos aquellos que encontramos en la parroquia. Son ciertamente formas nuevas de apostolado que requieren oración y discernimiento. Este año procuraremos orar mucho, reflexionar y discernir; pero nuestra misma presencia ya es un apostolato en medio del pueblo de Dios, de esto estoy muy segura. Estamos tres hermanas. (...) Jesús Maestro nos comunique siempre vida y así la podremos transmitir a cuantos nos acercamos” (Toledo 1995-1996).
Sr. M. Inmaculada últimamente estaba en Madrid, a causa de sus delicadas condiciones de salud causadas por problemas respiratorios. En el mes de mayo estuvo ingresada en el hospital. Regresando a la comunidad, es acogida y seguida con mucha atención por las hermanas y es visitada frecuentemente por los hermanos paulinos. Afirmaba convencida: “No me falta nada”. Consciente, recibió el sacramento de la Unción de los enfermos. Y sucesivamente, sobrevino inesperada una fiebre altísima, causada por una pleuritis, que la llevó a la consumación de su peregrinación terrena, que aconteció en presencia de toda la comunidad. Damos gracias a Jesús Maestro por la riqueza de valores que Sr. M. Inmaculada nos deja en la sencillez de su vida de discípula, transparente, recta, en la búsqueda de la gloria de Dios, y lanzada, como Pablo, al anuncio del Reino. ¡Que pueda ser llamada para nuevas vocaciones!
Sor M. Paola Mancini
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